La elevación controlada de temperatura corporal interna que produce la sauna IR (+3 °C verificados) imita el efecto de una fiebre artificial moderada. La fiebre es una de las respuestas inmunes más potentes del cuerpo: durante este estado, las células inmunitarias trabajan más rápido y eficazmente.
La fiebre es una respuesta evolutiva: cuando el cuerpo detecta una infección, eleva su temperatura porque las células inmunitarias funcionan mejor a 38-39 °C. La sauna IR induce este estado de forma artificial y controlada, sin que haya una infección de fondo. El sistema inmunitario interpreta la situación como similar y aumenta su actividad.
A esto se añade el efecto sobre la circulación linfática: el calor dilata los vasos y favorece el movimiento de linfa, donde residen muchas de las células inmunitarias. Una sauna regular puede ser parte de una estrategia de salud preventiva, especialmente en otoño-invierno cuando los virus circulan más.
Importante: la sauna no debe usarse cuando ya tienes una infección activa con fiebre. En ese momento, tu cuerpo ya está trabajando al máximo y la sauna sería sobreesfuerzo. Se trata de uso preventivo, no curativo.
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